100 discos de 2025
El año de la calzonización del mainstream, la ratificación del avant pop femenini, los flaquitos periféricos de guitarras destempladas y la importancia cero del disco.
Este año hubo encaje, tanga y harta suavidad undie para sostener el espectáculo sobre la música, mucha voz femenina sonando a lo mismo y coros infinitos que no dejan de encarecer la plaza pública, haciéndola más estridente, predecible y aburrida.
En México gana la periferia por default aunque cada vez más por la calzada de la validación blanquecina; los cuerpos flaquitos y las narrativas rehabilitantes que incluyen poquito a los marginales, hoy diversidades racializadas, barrializadas y bien válidas. Todas ellas con discos entre el kraut, el post everything y la poesía lo-fi que se les erecte esta semana.
Y mientras América Latina vs Europa se debaten entre quién está dialogando, recontextualizando y quién saquea las sobras de quién, los buenos discos suceden y respiran en un mundo acostumbrado cada vez más a morir de forma violenta, escandalosa y desgarrada. ¿Y qué es un buen disco en medio de medidores digitales, fórmulas programadas y contenedores psicosociales? Pues está fácil: una caminata eterna sin reloj, un abrazo fundido en bronce y una piedra de pozo que nunca alcanza a caer.
Espero disfrutes escuchando música y leyendo esta lista, tanto o más como yo escribiéndola.
100. Los Piraña-Una oportunidad más de triunfar en la vida (Colombia)
El súper trío colombiano más poderoso de América Latina llega a la madurez sónica con este, que sería su quinto álbum de estudio. Con menos chance de diversidad que Meridian Brothers y menos gamberrismo que Romperayo, Los Piraña comienzan a dar esa sensación de una canción interminable en donde el avant, el rock y la cumbia conviven en una dinámica salvaje libre y festiva sin final. Es sólo Ojeda, Galeano y Álvarez otra vez…pero me gusta.
99. Tiny Richie-Un mundo diminuto (México)
Canciones pequeñas para un mundo inabarcable y hostil, ideas con miedo y sentimientos sin frenos. Uno de los discos de autor independiente lo-fi más agradables y honestos de la CDMX de la última década. El músculo que este músico ha adquirido con los años no le ha desmerecido su presteza para la frescura, en donde el secreto quizás sea seguir teniendo la capacidad de sorpresa y escucha bien aceitadas, atento a lo que los demás también pueden sumar, sentir y decir. Genial.
98. Rashad Becker-The incident (Siria/Berlín)
Es increíble ver la evolución de Becker desde el ámbito de la producción, palestra donde ha hecho crecer el trabajo de otros, su coqueteo con la pista, el industrial, el noise y el drone, pero también la forma en la que se ha desdoblado más como un músico mucho más formal e introspectivo de forma discreta.
The Incident es un suceso de alta densidad, profundidad y cuerpos sonoros amorfos, el cual decanta en muchos caminos e ideas dignas de poner atención y desafiarse a entrar en la lona cara a cara con ellas.
97. Varios-Gangster Music Vol. 3 (Canadá)
Tercera y última entrega de la selección musical del artista Marcel Dzama, mejor conocido como Gangster Doodles, quien pasó una década entera abocado en este proyecto, integrando una de las mejores curadurías de hip-hop de distintas partes del mundo, aunque en los volúmenes también encontramos R&B alternativo, beats calientes rap lo-fi experimental e instrumentales de alta sensualidad. Poderoso.
96. Lust For Youth & Croatian Amor-All Words (Dinamarca)
Poco a poco, Dinamarca ha dejado de ser una anomalía de figurones electrónicos oscuros esporádicos para ir dando paso a toda una movida que hoy parece confiar en sí misma sin sacrificar demasiado. Prueba de ello es esta dupla ya conocida, la cual deja la dureza y hermetismo que ha caracterizado a casi todo el catálogo de la Posh Isolation para saltar a la mediana-grande Sacred Bones.
El resultado es, si bien algo más club convencional y menos pop gélido mala sangre (algo a lo que nos tenía acostumbrados el gran Croatian Amor), lo suficientemente interesante como para seguir cohabitando esas soledades de la modernidad en plan bloques habitacionales de hielo y anhedonia.
95. Squid-Cowards (Inglaterra)
Esta banda tendría todo para redundar en un revival amable de post punk derivativo de aires listillos, sin embargo su debut de hace cuatro años (Bright Green Field) se mantuvo de pie con una mirada clara y una ejecución al parecer, honesta. Este año, cuando uno pensaría que no sabríamos más de ellos pese a vivir bajo el cobijo de un sello como Warp, Squid vuelve a la carga y eleva la apuesta con un rock de guitarras harto agradable, mucho menos punk pero con una rabia bien colocada y menos bobalicona que la de combos como los hoy hipercolocados Idles o Turnstile, al tiempo que también le ponen cara al hype de Fontaines DC o el jugueteo de Geese, sin ser “la próxima gran mamada que tienes que escuchar”. Pero pon tú, que si aún te gusta el rockcito de guitarras, aquí es Guadalajara.
94. Se Murió Don Octavio-Empleado del mes (México)
Pocas veces la desfachatez guitarrero chilango se había homogeneizado tanto y agrupado en una pléyade morena y verguera flaquita que hasta dan ganas de ser joven de nuevo. Con grupos como Se Murió Don Octavio uno puede saber que la música, en el mero mero fondo, vale verga, y que la fuerza vital de esta ciudad puede ser -si acaso- los compas que se hacen en el camino.
93. Djrum-Under Tangled Silence (Reino Unido)
El productor británico Felix Manuel se las ha arreglado para no ser un DJ de planta más y proponer un ethos plástico y narrativo mucho más consistente. En el camino, más bien tímido que firme, nos hemos encontrado con ínfulas pop de sesgo listillo pero que a la postre han decantado en un resultado musical emotivo bastante loable.
Con su segundo larga duración Djrum ha conseguido empujar aún más el beat hacia linderos preciosistas y poéticos-conceptuales, sin caer demasiado en el galerismo obvio, aterrizando en un disco que se sirve un poco de todo en el buffet sin hacer un cochinero: minimalismo jazz, ambient meditacional y hasta futurismo dancehall.
92. Quantic-DJ Kicks (Reino Unido)
Al igual que Manú Chao, Damon Albarn, Gilles Peterson o David Byrne, la figura de lector musical de otras latitudes como William George Holland -mejor conocido como Quantic- resulta, hasta cierto grado, jabonosa pero desafortunadamente casi nunca lo suficientemente problemática, toda vez que su rescate y apropiación se encuentra revestida de dignificación en pos del goce y la exposición.
Y quizás eso sea lo más cabrón de Quantic: cómo pese a sí mismo es un digger de alto calado y visión. Extractivismos aparte, uno qué más quisiera que una cosa no estuviera peleada con la otra, pero esta selección de DJ Kicks es pertinente, inteligente, perra y de las mejores de la marca en años. Y nada, la que puede, tiene y quiere…
91. Varios-In-correcto 15-25 (Colombia)
De lejos el sello de música más interesante de Colombia de la última década, no hay más. Diez años en la brega de concebir la cultura musical de América Latina como un todo que interconecta folclor y vanguardias en posibilidades varias. El catálogo y esfuerzo de In-Correcto trasciende los esfuerzos individuales y sus variopintas exposiciones, sean ésta cumbia electrónica de animosidad pop, tradiciones deconstruidas llevadas al extremo, o imperfecciones estéticas que decantan en una fiesta sin límites. Resistencia, significación y orgullo conviven aquí, en un solo esfuerzo colectivo.
90. Stereolab-Instant Holograms on metal film (Francia/Reino Unido)
Una sorpresa no esperada y un apapacho al corazón. El último disco de Stereolab es lo que debió haber sucedido hace quince años: una continuidad de estilo, mantenimiento de títulos y pertinencia ejecutoria. Si uno es fan del combo franco-británico, este es un tiempo extra que ya nadie tenía contemplado. Pero si los recién llegados se encuentran con el disco como puerta de entrada, los mejores plomazos de Laetitia Sadier y compañía se dejan ver en corto.
89. Dean Blunt & Elias Rønnenfelt–Lucre (Reino Unido/Dinamarca)
Uno de esos trabajos-caprichos que le encanta sacar cada tanto a Dean Blunt, poniéndose aquí en su faceta “rockero-irónico-cotorro”, con un trabajo breve y cálido en mancuerna con el juguete favorito de la Posh Isolation, el otrora cantante de Iceage Elias Rønnenfelt quien logra un fastidio de pop-rock convencional postirónico, el cual da al punto de la movida post Brexit del Reino Unido. La venia de Blunt, casi invisible pero bien apuntillada, logra que este disco sea un raquetazo al pop alternativo anglosajón del momento. Bien ahí.
88. Niño De Elche, Raül Refree – Cru+es (España)
Para ser un músico multiproyectos y polifacético que no para de producir registros discográficos (pensemos en los multiinstrumentistas de la crema neoyorquina), estar en una disquera como Sony es todo un privilegio. La sobreproducción abunda a Francisco Contreras, sin embargo, ya sea en libro o exposición, instalación, disco o proyecto multidisciplinar, Niño de Elche logra salvar siempre con un mucho de entrega y una inteligencia sensible pertinentes para continuar. Sus últimos discos quizás estén redundado o comenzando a tocar las costuras de su lenguaje y sino exploratorio.
Sin embargo, y sobre todo si uno mantiene el ánimo de escuchar y contrastar, logrará dejarse atrapar o disfrutar; las recompensas tienen muchos rostros.
87. Panda Bear-Sinister Grift (Estados Unidos)
A estas alturas del partido, Noah Lennox ha demostrado tener mayor interés, oficio y animosidad para hacer discos pop psicodélicos que sus compañeros de grupo. Y aunque extrañamos lo bien que se pone el viaje de Animal Collective, lo cierto es que Panda Bear ha logrado desarrollar canciones que funcionan en distintos modos del día, consolidándolo como gran productor, músico y letrista.
Aquí parece que Tomboy (2011), Panda Bear – Panda Bear Meets The Grim Reaper (2015) y Reseat (2022) fungieron como una preciosa antesala de éste, el que podría ser su disco más maduro a nivel compositivo, en donde hay menos sorpresas y muchas certezas, pero que atiende al escucha con creces. Los mejores fans de The Beach Boys parecen no fallar.
86. Dun-Dun Band-Pita Parka, Pt. II: Nim Egduf (Canadá)
Muchos arrestos se necesitan para que una banda de diez miembros proveniente de Toronto cale en su ánimo de rendir homenaje a una música con tanto tuétano como la de Ghana. El resultado, al echar mano también del spiritual jazz y las postrimerías rock asociadas, hacen de este segundo opus una delicia delicada y de puntual contundencia.
85. Q Lazzarus-Goodbye Horses: The Many Lives of Q Lazzarus (Estados Unidos)
Este año tuvimos de una vez por todas un documental en forma, -afortunadamente de factura humana, femenina y mexicana- que explica a detalle qué fue de la autora de ese himno generacional conocido como Goodbye Horses. La historia es triste y dura como la vida de cualquier artista que no encaja con las expectativas ni del gran mercado pero tampoco de la escenas a pequeña escala, lo cual en cierto modo se percibe también en el calado de las canciones que componen este universo en particular.
Tanto el soundtrack como el documental de Eva Aridjis le hacen justicia a una cantante honesta y a un personaje con demasiado carisma, volviendo cada canción una postal anómala de un rock que, como dijera Charly García, “alguna vez fue hambre”.
84. Rosalía-LUX (España)
¿El disco de transición de la catalana más aclamada del mundo? Algo escuece del capitalismo y de lo que Rosalía, como artista y ente de negocios, permite que le atraviese en LUX, un disco que sin antes ser escuchado en su totalidad ya era el repositorio de las esperanzas de la opinión insondable de internet, haciéndolo cada vez mucho más poroso y difícil de asimilarlo en su justa dimensión.
Sin embargo, y por fortuna, el cuarto de estudio goza de muy buenos atributos en su mayoría: canciones que aguantan las muchas escuchas, que no se parece a sus anteriores y mira hacia adelante, apostando por una resta de hits aunque también cayendo en las trampas del modernismo estético en la música contemporánea. Y esto último, además de querer estar a la última de cabo a rabo con los idiomas, la promo, el look, los prop y todo aquello que no es la construcción del universo del disco mismo, hace de LUX un disco esencialmente compuesto de buenas ideas vueltas canción, un concepto más bien seco y a ratos forzado pero que seguro pueden desdoblarse en algo mucho más notable en cierto punto.
83. Varios-Fantología I (Ecuador/América Latina)
Este loable y emocionante compilado presume el ambient latinoamericano emergente como bandera, sin embargo trasciende esas tres membresías que hoy parecen desgastadas y cansadoras dentro del ecosistema de producción electrónica en la región.
Curada por Daniel Lofredo Rota (Quixosis) y Gregorio Hernández (dj +1), esta selección atraviesa lo que ellos llaman “fantasmas de la incertidumbre y oportunidades perdidas que rondan el trasfondo de la experiencia latinoamericana del siglo XXI”, en donde no son pocas las veces que el recorrido alcanza vuelos fascinantes a nivel producción, sensorialidad y mente expansiva. Notable.
82. Funerales Cristo Rey-Soledad (México)
Yecatl y sus secuaces vuelven a la carga con el segundo opus de Funerales Cristo Rey, un proyecto orientado más hacia la muerte y el rock gótico de clásica cepa, sin perder de vista ese tufo chilangote punkarroide que caracteriza a varios de los proyectos del también artista gráfico y editor. Algo trae de humor este trabajo, también de ska mexicano y rock urbano involuntarios, que lo hace sumamente genuino y entrañable. Se llega tempra, se despacha rápido y se deja bien calientito. Emoción que el subterráneo mexicano (cualquier cosa que eso signifique) aún tenga gente de carne y hueso beligerante y a la contra haciendo cosas como ésta.
81. Sara Persico-Sphaîra (Italia)
Uno de los trabajos de exploración sonora y voz más notables del año. La napolitana afincada en Berlín, Sara Persico, dobla el reto de ser una de las voces más interesantes de la experimentación europea, enfrascándose en la investigación y posiblidades de uno de los grandes proyectos fallidos de la arquitectura libanesa, el Teatro Experimental de la Rachid Karami International Fair, un armatoste resonante abandonado, lacerado e inacabado por la guerra civil, considerado también patrimonio de la UNESCO.
En Sphaira, Persico emana los fantasmas de la guerra y la memoria perforada, examinando con el sonido hasta dónde se puede llegar con un espacio único, cómo éste se puede imponer ante la voluntad preconcebida del artista y de qué forma el diálogo oscilatorio permite discurrir el tiempo vuelto sonido.
80. Sam Prekop-Open Close (Estados Unidos)
Cerca de tres décadas de refinar un universo precioso y elegante ya sea a través de la exploración con la guitarra o la síntesis, han traído no sólo un prestigio y culto discreto pero sólido para el también guitarrista de The Sea and The Cake. Sin embargo, en cuanto a discos redondos se refiere, fuera de su insuperable debut homónimo como solista de 1999, Prekop había intentado siempre una armonía pop granular de cáliz complejo al tacto y simples al receptor, sin lograrlo realmente…hasta ahora.
Por mucho Open Close es, en su contundente y colorida belleza y sosiego maquinal, por mucho, el mejor disco de Prekop en años. Y que los hipsters de Chicago digan lo contrario.
79. Arthur Russell-Open Vocal Phrases Where Songs Come In and Out (Live 12/20/85) (Estados Unidos)
Hace un año más o menos escribía que se ha abusado tanto de la industria de la edición post mortem de músicos legendarios pequeños, que poco a poco nos acercamos a una transfiguración quizás improbable de esas leyendas, siendo el caso de Arthur Russell uno de los claros objetos de sobreexplotación y ambigüedad curatorial.
Sin embargo, y a diferencia de las pasadas cuatro o cinco producciones que se le han exprimido para placer de los hipsters más sensibles de Norteamérica, este compilado en vivo (un concierto completo y tracks sueltos) aterriza sobre un minimalismo texturoso que vale la pena escuchar, en tanto deja percibir la parte más silente e indescriptible del cáliz artístico del compositor más tímido de Iowa.
Un eslabón que explica no la parte dance, prolífica, rock y letrística (aunque en cierto modo late en el disco), sino ese matiz sentido y genuino que se asoma en la honestidad del músico como transductor de la dureza y belleza personal vividas. Un documento discreto, sobrado y que no resta el oportunismo que parece estar engolosinado a los del sello Audika, pero que en este caso procura arriesgar y apostar por la sutileza vs el retorno de inversión discográfica.
78. Keeley Forsyth, Matthew Bourne-Hand to Mouth (Inglaterra)
En cinco años, esta actriz y performer británica profundizó de forma vertiginosa en las posibilidades de su oscuridad y dolor internos, para traducirlos en una voz potente y paralizante. Tres discos de estudio después apuntaron hacia una inminente redundancia, cuando apareció este breve EP compuesto por seis piezas en mancuerna con el pianista inglés Matthew Bourne, quien sin invadir demasiado el bosque de Forsyth logra atenuarlo y acompañarlo hacia nuevos espacios sin perder la dimensión de casa.
Pasos lentos y sin rumbo tal vez, pero igual de potentes que lo propuesto en el disco anterior, donde las reminiscencias al Scott Walker más denso proponen una luz entre las grietas del alma.
77. Abdullah Miniawy-Peacock Dream (Egipto)
Está la teoría de que Occidente comienza a recibir a las primeras grandes figuras de la música contemporánea pop posterior a la Primavera Árabe, entre las que la voz de Miniawy se distingue por su caliz sentido y electrificante. Sin embargo, al escuchar este disco uno entiende que el tiempo y la memoria de la música egipcia siempre ha estado en el mundo, entre las llagas y la delicadeza, explorando su sitio en el mundo. Peacock Dream es un disco que aún se percibe joven y curioso, trastabillando entre el jazz, la electrónica, la improvisación, el spoken word y la tradición. Sin embargo, su potencia y magnetismo son contundentes.
76. Eiko Ishibashi-Antigone (Japón)
Pocos artistas solventan con creces las áreas de expertise que ataja Ishibashi, quien logra el preciosismo sobrio de alta gama, ya sea en áreas de improvisación, composición y ejecución experimental, pop, scores para películas y más. Su nivel creativo se mide desde la solidez y la cantidad, en solitario y de forma colaborativa. Antigone es un trabajo pop hermoso, delicado y con la textura sensible de una producción que se percibe haber sido concebida en compañía de su copiloto de vida, Jim O’ Rourke.
75. Sir Richard Bishop-Hillbilly Ragas (Estados Unidos)
El ex fundador de los Sun City Girls es, desde la segunda mitad de los noventa a la fecha, uno de los guitarristas acústicos más prolíficos y exquisitos de Estados Unidos, con un estilo puntual y percudido pero abismalmente inventivo, ocupado por craquelar y ensanchar las dimensiones de lo que el folk puede llegar a significar. Su pasión por Medio Oriente, la experimentación y los senderos de la Americana lo han llevado no pocas veces a dialogar entre dimensiones, estilos y formas de la diversidad campirana aparentemente disímiles.
Este es quizás uno de esos pisotones importantes al respecto en la carrera del guitarrista, quien reformula los copetazos gringos con los hipnotismos salvajones del Oriente circular. Bishop es garantía.
74. Chucho Ponce Los Daddys de Chinantla-Cumbia Wepa (México)
Desde Brooklyn a Puebla y de vuelta. Para seguirle la pista a la discografía del prolífico Chucho Ponce y su dinastía habría que pensar distinto el ritmo y la forma en la que la cumbia sonidera mexicana habita ideas como “el éxito”, o “lo popular”, encontrando que la fortaleza de la validación de la calle es más importante que una narrativa lineal o ediciones físicas. En este caso, la genialidad viene en forma de inspiraciones, covers y mucho humor sin llegar a ser cumbia cien a cien humorística. Es importante disfrutar esta etapa de gloria del combo, en tanto a cada paso de autoconsciencia parece sacrificarse algo más.
73. Jonathan Richman-Only Frozen Sky Away (Estados Unidos)
A Richman se le conoce por ser la leyenda detrás de The Modern Lovers, la mítica agrupación bostoniana que luce como el eslabón entre los antagonismos del no wave, el art rock y los albores del indie. Sin embargo, la carrera solista de Richman lo ha llevado por exploraciones musicales más coloridas y nutridas, exponiéndose como un caudal infinito de belleza sonora desde los ánimos de simpleza y belleza.
En su decimoctavo trabajo de estudio, Richman aterriza en el inevitable ocaso creativo, ese donde no hay más nuevo que probar, sino la belleza de lo triste; muerte y atardecer. Soft rock otoñal de la más fina factura, en donde Richman dejá su siempre icónica alegría y humor discreto de lado para hacer homenajes varios a la música de su natal Boston, echando mano de amigos musicales de toda la vida y aterrizando en un disco que se siente familiar, cálido y abierto. Vitalidad que va cerrando ciclos sin darle la mano a la tristeza.
72. María Wolff-Rápido mamá (Argentina)
A María Wolff le pasó lo mismo que a muchos de los latinoamericanos afectos al pop bailable de buena factura de las últimas dos décadas: un día conocimos a Alex Anwandter y nada volvió a ser igual. Tras un tímido lanzamiento corto instrumental en 2018, afincado en la sensibilidad y una vida prácticamente de músico de alcoba e internet, el periplo de Wolff la ha llevado por esa brega que sólo los argentinos han sabido perfeccionar: canciones melódicas inteligentes, pegadizas y de alta factura, con el piano y la calidad letrística al frente. Precioso, ligero, con alto brillo narrativo y poético listo para disparar hacia el corazón y la pista de baile.
71. Lucy Railton-Blue Veil (Reino Unido)
Dentro de las prácticas de exploración sonora de últimos ocho, nueve años, a las mujeres más jóvenes les ha correspondido llevar el estandarte de las músicas más vivas y propositivas, ya sea desde los procesos electrónicos, la composición clásica o la electroacústica. En el caso de Railton, estos tres pilares soportan una mente y sensibilidad creativas notables para traernos un trabajo que puede abonar aún al drone, al ambient y al minimalismo con un toque que deambula entre lo moderno y lo clásico.
Editado bajo el sello de Stephen O’ Malley (Ideological Organ), este es el primer trabajo de cello solo de la compositora británica, en donde mente y sonido acuden a la percepción del tiempo y la distorsión de los armónicos dando tregua a que el tiempo y la resonancia hagan su trabajo.
70. Ellen Akbro-Nightclouds (Suecia)
Síntesis, tonos, órganos de pipas, notas extendidas y una reminiscencia constante al trabajo de artistas como Kali Malone. El trabajo reciente de la joven Ellen Akbro (1990) abreva cinco improvisaciones para órgano solista grabadas en Europa Central entre 2023 y 2024, siendo su trabajo de mayor alcance y diversidad, siendo mucho más sensorial e introspectivo que sus trabajos anteriores, aunque anclado al rigor y la precisión que le han dado nombre.
69. Nadah El Shazly-Laini Tani (Egipto)
Conocida en el mundo de la experimentación de Medio Oriente por sus colaboraciones con los hermanos Bishop o su paso por proyectos como la notable Praed Orchestra! de Raed Yassin y Paed Conca, este es quizás el disco definitivo que nos muestra de una vez por todas de lo que es capaz la productora y cantante de El Cairo, quien factura su disco más pop y sensitivo a la fecha, sin perder la profundidad y el misticismo que le caracteriza.
68. Nazar-Demilitarize (Angola)
Segundo placazo en cinco años del productor angoleño cobijado bajo el manto cada vez más escueto de la Hyperdub. Siguiendo la impronta de su potente debut (Guerrilla, 2020), aquí Nazar continúa la brega del belicismo y sus apesadumbrados recovecos, retorciendo las texturas del techno, el kuduro y hasta un R&B exploratorio, a media transfiguración del dream pop, para regurgitar su propio microuniverso preconcebido.
Demilitarize parece más accesible y suave, pero camina por intimismos mucho más herméticos e hiperplásticos que su predecesor, dando un paso si bien tímido, impulsado hacia adelante.
67. Claire Rousay-A little death (Canadá/Estados Unidos)
La artista canadiense-norteamericana afincada en Los Ángeles continúa su multifacético universo personal y tino para la exploración sonora, construyendo un imparable esculturismo sonoro que desde hace poco más de un lustro la ha llevado por los caminos del paisaje, el ethos sensorial, los drones y el ambient enraízado en timbres, melodías y notas extendidas, hasta proyectos específico de largo alcance, siempre con una impronta que la hermana con otras artistas pop-avant de estos tiempos como Felicia Atkinson, Ana Roxanne, Concepción Huerta, entre otras
66. Sebastián Rojas-En la orilla (México)
De toda la camada de músicos chilangos rock subterráneos de la última década -esos a los que les ha dado por enfatizar la oscuridad, decadencia y frialdad maquinal, así como el arrojo de poeta maldito-, lo de Sebastián Rojas es por mucho uno de los mejores entramados a nivel calidad de sonido. Con letras que podrían hermanarse con el post apocalipsis y la podredumbre humana que emanan universos artísticos como el de Pietro Párvulo de Teresa Cienfuegos y Las Cobras, o de Esteban Aldrete (Soledad, Hospital de México), En la orilla es un trabajo de imágenes precisas, compases sensitivos inteligentes y una mirada reposada para la producción, cortesía del gran Hugo Quesada (Progreso Nacional).
65. Helado Negro-The Last Sound on Earth (Estados Unidos)
Roberto Carlos Lange lleva más de quince años perfeccionando un lenguaje artístico propio sin miedo a las redundancias y reiteraciones. Este año lanza un pequeño y sentido EP compuesto de cinco temas, en donde el músico latinoestadounidense profundiza en las rítmicas maquinales y canciones llenas de belleza introspectiva, arte que desde Private Energy (2016) se ha dedicado a redondear con resultados increíbles aunque a la fecha aún lejanos al excelso This How Your Smile (2019).
Este pequeño compendio de nostalgias universales decanta en uno de sus avances sonoros más notables a la fecha, en donde Helado Negro ve hacia atrás y a los lados de su compuesto estético y discursivo para contemplar el universo y compartirlo con el escucha íntimo, como si nos estuviera diciendo “mira, esto somos”.
64. Earl Sweatshirt-Live Laugh Love (Estados Unidos)
¿Qué agua de tlacote le dieron a Sweatshirt como para convertirse en menos de veinte años en una de las figuras más consistentes del hip hop norteamericano actual? Tres momentos discográficos clave han pasado: Doris (2013), Same Rap Songs (2018) y este, con el que se corona a través de su humor sofisticado y habilidad para rapear como una línea sofisticada que no se corta, a veces aparentemente parca como si estuviera canasteando y echando porro agusto en el cantón con su pandilla, mientras revienta imágenes y disertaciones enfocadas y sardónicas sobre el mundo que palpita, sonando cálido y accesible en el paso.
63. John Maus-Later than You Think (Estados Unidos)
Dicen que la primer funada es la más difícil, y tras el primer ramalazo de la neurosis bienpensante de la década pasada, diversos músicos han comenzado a asomar la cabeza de forma discreta. Junto con su compadre Ariel Pink, el locazo de Maus ha sobrevivido (mal) a la sombra de sus desfases ideológicos para poder seguir creando esos universos que nunca fueron los más correctos o lineales.
Más allá de la postverdad y la retronostalgia funada, la nueva era del genio de Minnesota no pierde un ápice de filo ni sorpresa, fiel a su propio discurso y estética. Maus sigue siendo uno de los mejores letristas y artistas lo-fi del gringo más mantecoso, pero se necesitan arrestos para seguir su estela y verlo.
62. José Ángel Navarro, Walter Zanetti-Cantos Yoruba de Cuba
Esta es la historia de un guitarrista italiano de música clásica que se aventó a deconstruir desde su universo los cantos Yoruba de Cuba, deconstruyendo todo en el paso y trayendo a casa un disco de altos vuelos, genuino y excepcional, editado bajo la lupa curatorial cada vez más aguda de Caterina Barbieri. Manuel Lagraneme de Revancha DF lo define mejor: “Podríamos describir el sonido como John Fahey en Varadero”.
61. Las Ánimas del Cuarto Oscuro (México)
Dentro del insoportable rescate musical que busca que el próximo santo grial mexa del rock explique por qué somos bien chingones pero nadie nos pela, relanzamientos como este son dignos de mención, pompa y circunstancia.
Mientras los fans de Size y de Atoxxxico se siguen masturbando a ver quién fue el primer tata punk de Tenochtitlán, Las Ánimas del Cuarto Oscuro echa mano a un sonido fantasmal, anómalo y espectral que en toda su precariedad rebosa honestidad brutal, oscuridad pop y una honestidad que hasta el más de calle quisiera.
60. chivos-garbanceros (México)
De buenas a primeras, el nuevo placazo de estos pequeños bribones de Querétaro cumple con la impronta del que este año se ratificó como el mejor sello independiente de rick en la CDXM, Discos Erizo: guitarras destempladas, chingo de caos y exploración local dislocada a todo galope producido en el hermoso Ecatepec de Morelos. Pero más allá del cagadero alineado por la visión maestra de Eduardo Pichardo, garbanceros es un trabajo a carboncillo sobre el México periférico actual, el cual cambia más rápido que tus humores cuando eras adolescente, que a ratos parece no tener identidad y que engolosina como piedra picada con vainilla y Royal para que rinda.
No es novedad que el sonido de esta generación esté tocando los bordes de la alberca tan rápido (preferible incendiarse en corto y volverse cenizas decía tu tío el Cobain, o algo así), pero al menos garbanceros tiene capas, giros de tuercas y una visión de liberación corrosiva muy vital.
59. Golem Mecanique-Siamo tutti in pericolo (Francia)
La nueva aventura drone oscura de la exploradora electrónica Karen Jebane arremete contra las sombras, las cintas procesadas y los sostenidos en clave sacra para abonar sobre el fin de la humanidad y la podredumbre de su corazón. Drones minimalistas para el desencanto y la malavibra.
58. ven y mira-el cuadro (México)
Llegará un momento (parece no estar muy lejos ese día), en el que todo el catálogo de Discos Erizo se presente como una misma masa densa y orquestal. Mientras tanto, el mejor laboratorio del rock mexicano proveniente del HH Municipio de Ecatepop de Morelos logra pasar la prueba de la primer llamarada y comienza a facturar más bandas y trabajos de continuidad, siendo el de los ven y mira uno de los más esperados y notables.
Sensiblemente más procurado en su producción y sonido, y también más craneado a nivel compositivo, cuadro le hace honor a su nombre y funciona como un doblegota dosificado en ración vía intralenguosa para pasar una noche de terror, o bien para apreciar cómo transmuta el enmarcado multicolor de nuestro paisaje interior. Pero chance el mayor mérito de este disco es su fidelidad a sí mismo y a ese punk rock bailable destemplado y guitarrero, que la banda ha sabido portar como bandera perenne, siempre con humor, desparpajo, y una hermosa violencia que conecta con esa ausencia de compromiso con la lógica o la uniformidad. Viva la juventud del cerro de los vientos.
57. Robert Plant With Suzi Dian-Saving Grace (Reino Unido)
A Plant se le respeta y reconoce por toneladas, sobre todo por el hecho de no haber coqueteado demasiado con el legado de Led Zeppelin, un par de giras y algunas presentaciones ocasionales a nivel simbólico en más de tres décadas de retirada del grupo, no más. Además ha entendiendo el envejecimiento como un umbral de posibilidades mucho más nutridas e interesantes, mismas que lo han llevado a explorar el reggae, el pop sesentero o el bluegrass gringo, que tan bien le quedó y prácticamente le revivió la carrera en 2007 junto a ese maravilloso disco con Alison Krauss.
Acercándose al ocaso de su carrera, Robert Plant se ve como un letrista más bien culminado y ha echado mucha mano de los covers, entendiendo que entre más alejado esté de la bombo y el platillo, los resultados serán mucho más satisfactorios, especialmente si haces de la experiencia una tardeada sosegada de canciones discretas junto a buenos músicos amigos (no tan conocidos, pero confiables todos).
Saving Grace pasará de largo como un disco más bien mediano e intrascendente, que lo es. Pero hay una clave de entrada y trascendencia en todo ello, una invitación para quien quiera entrar y disfrutar de esa cosa cálida y segura que es habitar una buena canción
56. Läuten der Seele-Unterhaltungen mit Larven und Überresten (Alemania)
No está fácil pero se pega rápido, la música aparentemente anómala, espectral y de costura delirante del alemán Christian Schoppik. Y en buena medida es porque debajo de esa experimentación, locura, energía eléctrica fantasmal electrizante habita un monstruo que nos es cercano, cálido y familiar. Upon the brain, los recuerdos y pesadillas de niño, o los traumas que para bien o mal nos conectan con nuestros seres queridos, a veces en clave de memorias tristes, fotografías desteñidas, y otras tanto en ausencias persistente que configuran un carrusel narrativo perforado. Unterhaltungen mit Larven und Überresten es un disco inteligente y sensible que aborda la herida, la grieta y el intersticio más honesto del alma con estímulo estratégico, tino y oficio. Hermoso.
55. Carminho-Eu Vou Morrer de Amor Ou Resistir (Portugal)
El año pasado murió Susana Maria Alfonso de Aguiar, mejor conocida en el mundo de la música como Misia, quien junto a Madredeus y Teresa Salgueiro, su otrora vocalista, fueron los estandartes más visibles del fado portugués hacia el mundo, un estilo que si bien es apreciado y respetado como el tango o el flamenco, su tónica local suele anclarse (más para bien que para mal) al nicho.
Esta tradición de canción sentida, preciosismo virtuoso y melodías elegantes ha pujado hacia nuevas antípodas durante las últimas dos décadas con Carminho, quien este año atraviesa el mejor momento de su carrera a partida doble, en tanto su mejor disco es también el más diverso y versátil, reflejo de su gira reciente, la colaboración estratégica en el más reciente disco de Rosalía, etc… Pero más allá de todo nos encontramos con piezas del alma de filigrana.
54. Bad Bunny-DTMF (Puerto Rico)
El primer corte de caja importante del que fue el artista pop más famoso del último lustro comenzó a darse hace tres años con su mejor colección de canciones, editadas bajo el nombre Un Verano Sin Ti (2022). Como un prop del capitalismo que se sabía limitado como para aguantar artísticamente el peso, el puertorriqueño hizo la intentona al año siguiente con el desastroso Nadie Sabe lo que va a Pasar.
Este año, Benito se asesora mejor y entiende que no es de camuflajearse y exponerse a la mínima de cambios con tal de seguir inflamando sus bolsillos. En su lugar atiende a la base que le dio gloria y emprende un camino musical mucho más claro y comprensible para América Latina, que para esa maquinaria que le domina sus pasos como personaje. En Debí Tirar Más Pasos hay un personaje, un concepto y sobre todo canciones donde pasan cosas. Eso le da aire, y aunque al rato lo cobre de forma chocosa con otro par de chancletas Adidas, la intención le funciona para lucir más aterrizado que Residente, J Balvin o Gloria Estefan, por poner tres ejemplos discursivos distintos del latinoamericanismo escupido desde las crestas de la industria.
53. Ethel Cain-Perverts (Estados Unidos)
A sus 27 años, Hayden Anhedönia, mejor conocida en la cábula de internet chilanga como “Lana del Wey”, tiene la ambición de comerse al mundo del pop por doble y triple vía: el pop chicloso más edulcorado y girly que pueda, fundido a hierro oscuro y mala sangre con la experimentación negra y ruidosa, a la par de un apego a la canción americana de largo aliento. Eso último nos recuerda al proyecto fallido de de Sufjan Steven, aunque parece que el arrojo de Ethel Cain tiene toda la intención y saña como para ir granjeando un público cada vez más entregado.
Este año, poco antes de su impresivo Willoughby Tucker, I’ll Always Love You, Ethel Cain lanzó Perverts, el cual nos muestra un lado más sórdido y onírico tirado hacia las texturas, los sobresaltos pesadillescos y la experimentación, sin dejar de lado la canción preciosista Americana a lo Marissa Nadler. Conforme el personaje y las canciones sentidas de esta artista se nos van revelando a cada concierto y lanzamiento, vemos a una artista más consumada que va a mil por hora, sin miedo a la consumación, la polémica o la aceptación/rechazo del vox populi. Parece tenerla clara, y si el truco le sale, estaríamos ante un nuevo umbral y prolífico del avant pop.
52. billy woods-GOLLIWOG (Estados Unidos)
Las últimas dos décadas del rap underground más elegante, ese que se escribe en minúsculas y sale de las postrimerías callejeras para aterrizar en temáticas un tanto más introspectivas y complejas, tiene en billy woods a uno de sus mejores vinos, mejorando de forma reposada en cada disco, con la congruencia y contundencia de rimas y producciones bien colocadas, las cuales no han perdido un ápice de musculatura.
Claridad mental, dardos bien ejecutados y una exploración al terror de los traumas del ser humano contemporáneo y la oscuridad detrás de la soledad en clave-concepto “una historia de terror creada por nuestros ruidos silenciosos”. Un putazo de cosas por digerir en el hogar.
51. Julien Dechery- Readyaa? & Warmth In Cool (Irán/Australia)
Tras la llegada de Trump al poder y su faceta enloquecida de subir y bajar impuestos, la especulación con los precios de venta, así como de exportación e importación de música en formatos físicos ha puesto a parir chayote a los coleccionistas, DJs, excavadores y arqueólogos musicales. Y entre las grandes tendencias que estamos comenzando a ver es, una vez más, el aumento de mixtapes en formato cassette sumamente interesantes, locos y piratas provenientes de latitudes múltiples, a manos de sellos mínimos que aparecen y desaparecen sin decir agua va, como el maravilloso australiano Good Morning Tapes, que edita esta hermosa dupla por separado.
Mucho charlatán y mamarracho oportunista en el camino, pero pocos con el tacto y la mano del DJ y productor Julien Dechery, quien a veces firma con el cotorro pseudónimo de Eddie Ramamurphy, quien con esta dupla de cintas sublima su sofisticada búsqueda de frecuencias, agarrando buen foco con la música de películas tamil (sur de India y norte de Sri Lanka) de la década de los 80 en el primer volumen, mientras que para el segundo mixtape cambia el enfoque hacia el norte de la India, cubriendo canciones y partituras extraídas de películas arraigadas en las tradiciones clásicas, devocionales y folclóricas indostánicas, replanteadas con hermoso manto downtempo, trip-hop y ambientales de mediados de los 90 y principios de los 2000.
50. Mohammad Mostafa Heydarian-Noor-e Vojood (Irán)
Pocas veces tenemos de este lado música kurda de alto octanaje como ésta. Mohammad Mostafa Heydarian es un jovencísimo músico (23 años) originario de Kermanshah, ciudad del oeste de Irán, cuna del tanbur, una especie de laúd con forma de pera cuyos orígenes se remontan a más de 5,000 años, perteneciente sobre todo a la secta de los Yarsans, quienes en sus rituales místicos se sirven de este instrumento para ejecutar música sacra.
Este es el segundo disco de una travesía que comenzó con el padre de Mostafa y que ha atravesado Reino Unido, España y Estados Unidos para llegar hasta aquí.
Pero el sol, es la única semilla…
49. Blawan-SickElixir (Inglaterra)
Jamie Roberts, el productor inglés afincado en Berlín mejor conocido como Blawan, ha sido por más de una década una de las voces más arriesgadas y genuinas dentro del techno de cepa más experimental, conocido y atesorado por su trazo sonoro duro de dosis reguladas presentado casi siempre en cortes discretos. Y si bien sus EPs del último lustro ya venían clamando un giro de tuerca estilística importante, ciertamente cada vez menos consistente pero nunca gratuito u obsoleto, todo era reflejo de una adultez y crisis personal importante que decantaría en este, su segundo larga duración desde 2018 y primero para la XL Recordings.
A contrapelo de su alquimia ácida y de hipnosis corporal, en este opus prolongado, el DJ originario de Doncaster se va por las texturas y la dureza narrativa, abarcando una visión íntima de la música que le ha dado vida, pasando por los breaks, el IDM y los drum and bass de antaño, pero toscamente intervenidos por su visión de un futuro negro brutalista, decadende y oxidado que se desangra. Tremendo.
48. Debit- Desaceleradas (México)
Sueños de una cumbia previamente chamuscada y pervertida en clave onírica y espectral. El más reciente trabajo de la productora regiomontana Delia Beatriz, por mucho su travesía más emocionante desde su debut de 2018, es un diálogo con el tiempo y la geografía, uno que camina de forma craquelada con las cumbias rebajadas del Sonido Dueñez y su legado a la cultura musical de Monterrey para el mundo entero. Plástica sonora que baila gavilán entre lo vivo y lo muerto, la impermanencia y lo imborrable. De los trabajos más sustanciosos facturados en México este año, sin más.
47. Juana Aguirre-Anónimo (Argentina)
Pocas voces del pop indie contemporáneo así de nóveles logran tener semejante inventiva y contundencia. Sin salirse tampoco de los bordes, Aguirre amalgama lo mejor de la tradición folclor sureño de América Latina con el pop rock de arrojos exploratorios a lo Juana Molina y de, claro, todo lo aprendido alrededor de las dinámicas de su grupo anterior (Churupaca). El resultado son canciones en forma, sólidas y que resisten el tiempo. En la cima de los mejores cancioneros de habla hispana del último lustro.
46. Tortoise-Touch (Estados Unidos)
Casi una década de distancia separaban a una de las bandas más elegantes y discretas del rock adulto de Chicago con su público, y aunque el resultado presuponía ciertas dudas (poco ruido, trabajo a distancia, cambio de disquera y un trabajo previo más bien mediano con The Catastrophist de 2016), el resultado fue una grata sorpres de frecuencias tímbricas leves y sosegadas, en algunos momentos incluso loables, emotivas y consistentes, donde se hace mucho con poco.
45. Rodrigo Martínez Torres, La Coreañera & The Valley Winds-Onda Tropical (México/Estados Unidos)
El tiro de piedra que el joven compositor chilango intentaba lucía una misión tópica, cansina y complicada de lograr por repetida: traer la cumbia al ámbito orquestal, serio y compositivo. El resultado no sólo es refrescante sino que se deja querer desde diferentes vías, logrando pensar y disfrutar las rebajadas, vallenatas y frecuencias anexas con arreglos orquestales sencillos no invasivos pero de una presencia importante.
44. Cosey Fanni Tutti-2t2 (Reino Unido)
Pocos nombres tan pesados, legendarios y genuinos dentro del arte transgresor europeo del Siglo XX y XXI como el de Christine Carol Newby, quien a sus 74 elige de forma acuciosa el proyecto en el cual se montará. Esto le ha granjeado una atención discreta pero constante no sólo en la música sino también en las multidisciplinas, en tanto sus discos pueden hacer eco a su etapa industrial, o bien explorar más por los bosques oscuros del ambient, el drone o la experimentación abigarrada.
Lo que hace de este un trabajo entrañable es esa suerte de elegante condensación de la Fanni Tutti más completa: hay mucha textura y oscilación pero también se aborda la canción, los compases y los ritmos programados, lo cual sirve de pista de hielo para que lo mental y lo sensorial se engarcen de manera equilibrada. Todo esto sin perder el filo y la postura grave ante un mundo que se cae a pedazos. Sólo las manos maduras puestas sobre las máquinas logran ser espejos de este mundo sórdido… y quien se quiera reflejar.
43. Elias Rønnenfelt-Speak Daggers (Dinamarca)
De 2011 a 2013 este cantante ha sido la cabeza de grupo de la banda danesa Iceage, agrupación más bien seca, de arrastre discreto y referencias poststroke en clave oscura. Sin embargo, la clave más interesante de Rønnenfelt ha sido cuando se acerca a la poesía, el arte contemporáneo, o bien se junta con la gente de Sacred Bones, Posh Isolation y anexas incluyendo a nombres como Var o Dean Blunt.
Sin ser la gran revelación a nivel producción o letrística, el segundo opus del danés decanta en lo más contundente en su carrera a la fecha, en buena medida a que se ha ido frontal contra el muro del rock gringo de cepa más común, aunque imprimiéndole su gélido y parco sello, en canciones que se sostienen por pie propio. Muy en la veta decadente del rock que andan facturando los últimos trabajos de Yves Tumor, Nina, Bar Italia o Dry Cleaning con el mínimo de maquillaje y producción.
42. Chino Pacas-Cristian (México/Estados Unidos)
Así como Peso Pluma fue en su momento la carta mejor guardada de los tumbados previo a su fichaje oficial como megaestrella del género, Chino Pacas viene pujando desde 2023 su valía como una de las voces más genuinas de un estilo que parece acercarse peligrosamente hacia su primera gran erosión.
Más famoso entre los conocedores de Estados Unidos que con los megapúblicos Natanael-Junior H-Peso Pluma, lo del guanajuatense afincado en Tampa camina hacia texturas un tanto más rasposas, oscuras y garañonas. El año pasado se animó a debutar con un larga duración, el cual tiene su continuidad este 2025 con un trabajo mucho más personal pero también con guiños más amplios y aterrizados hacia el gran público. Todo eso con tan sólo 20 años. Nada mal.
41. rusowsky-DAISY (España)
A los artistas nuevos les es un problema, y si bien aunque cada vez sucede menos, el hecho no deja de ser hasta cierto punto irónico y de mal gusto. Pero para tener validación en la industria musical se requiere un disco, uno bueno y que venda. Para ese prodigio madrileño de ascendencia bielorrusa conocido bajo el nombre artístico de rusowsky, eso no es problema.
Con cerca de seis años sorprendiendo al internet y al pop de su país, rusowsky se ha destacado por no sólo saber hacer brillar la música de otros (Dellafuente, Ralphie Choo…), sino por tener ingenio para construir trancazos pegadiizos, con cargas gordas de humor, carisma e inteligencia. DAISY es un disco ligero, sensual y divertido, listillo y lleno de buenas ideas. Harto disfrutable.
¿Qué puede ser más cabrón que revivir a las Ketchup de su letargo”onehitwonderezco” para hacer una canción memorable sin siquiera ponerlas en primer plano (“Johnny Glamour”)?, ¿o sacar una de las mejores canciones de Ralphie Choo sin estar en el ecosistema de éste (“BBROMEO”)? rusowsky es joven y adelantado desde su ojo como productor, su sentido de la música y su bajada como artista. El futuro puede estar en sus manos.
40. [Ahmed]-[Sama’a] (Audition) (Reino Unido)
El año pasado, el cuarteto del compositor y pianista británico Pat Thomas dedicado a la vida y obra del bajista norteamericano Ahmed Abdul-Malik (1927-1993) se aventó el que muy probablemente fue el mejor disco de free jazz del año, a través de un compilatorio mamut de cuatro discos compactos.
El proyecto, vivo desde 2017 pero que realmente tiene poco de estar en el mero foco de los públicos más amplios y la crítica, ha explorado la obra de Malik sin dejar de implantarle complejidades, enfoques novedosos y un halo de fidelidad al espíritu creador más tradicional del estilo. El resultado ha sido un redescubrir al género desde sus propios cánones, lo cual pese a toda duda posible sucede cada vez menos.
Este año, el proyecto va por más y se avienta la exploración al disco Jazz Sahara de Malik, un disco de 1958, el cual tiene la característica de no incluir piano en su versión original. La versión de [Ahmed] -por supuesto con el piano de Thomas y el saxo desbocado de Seymour Wright al frente- hacen de este disco una ratificación de intuiciones y profundizar más la caída al hermoso vacío del jazz más libre y salvaje.
39. Eduardo Polonio- Obra electroacústica 1969-1981 (España)
Ocho composiciones hipnóticas, preciosas y de brillante inventiva orgánica, las cuales traen de nueva cuenta a la mesa el trabajo electroacústico del compositor español Eduardo Polonio, quien abandonara este plano terrenal justo apenas la Navidad del año pasado. Síntesis temprana para los días difíciles, rugosidades naturales e instrumentaciones amplificadas para escucharse una y otra vez.
38. Meredith Monk-Cellular Songs (Estados Unidos)
Seguirle el paso con atención y de forma atenta a la obra de Monk a estas alturas (tiene 82 años) es como escuchar el cauce de un río cercano al hogar de los ancestros, habitar la tímida sombra del viejo roble o cerrar los ojos para percibir el canto de la eternidad.
Estamos frente al disco más reciente de una artista completa con más de 50 años de trayectoria casi ininterrumpida, y lo que sorprende es que siga siendo así de brillante, conmovedor, disruptivo e inteligente.
Los años recientes han sido de cosechas importantes para Monk: un documental, la revisión y reedición del grueso de su obra registrada en ECM (2022), un libro recopilatorio, exposiciones, instalaciones, el León de Oro en la Bienal de Música… Tener un disco así de potente de Meredith Monk en este plano de la existencia es un regalo de la vida.
37. Carrier-Tender Spirits (Reino Unido)
Sólo tres cortes y menos de media hora le bastan a este londinense para deconstruir el dub y hacer del espacio un lienzo sutil que nos resume cercano y novedoso al mismo tiempo. Carrier es una de las grandes sorpresas electrónicas de este año, y tanto su disco debut como este mini EP atienden a unas emociones contenidas que probablemente no veíamos tan bien ejecutadas desde los mejores trabajos de Burial.
36. Civilistjävel! X Mayssa Jallad-Marjaa: The Battle of the Hotels [versions] (Suecia/Líbano)
En 2023, la cantante libanesa Mayssa Jallad lanzó una primera y ya de por sí potente versión previa de este trabajo, el cual hace hincapié en el pasado violento que sufrió Beirut entre 1975 y 1977 en su zona de hoteles, derivado de la guerra civil.
Este año, en mancuerna con el productor electrónico de origen sueco Tomas Bodén, este maravilloso disco es objeto de un tratamiento electrónico y reimaginería casi total, incrustando sus canciones en texturas, elongaciones dub o procesos que reconstruyen, profundizan o desincorporan algunos elementos para lograr un disco aún más profundo, denso y oscuro al original.
35. Juana Molina-DOGA (Argentina)
En 2017, Juana Molina editó Halo, el que sería su séptimo álbum y disco más consumado en cuanto a estilo, sonido y producción se refiere. Desde entonces comenzó un periplo que la llevó por el mundo entero, haciéndola más presente y cercana que nunca. Lo que vino después de eso fue una suerte de regalo de la vida que ni la propia argentina se esperaría, un fluir con su público y ser creativo que parecía estar tocando los bordes de su alberca.
Tras un buen rato tocando en vivo e incluso lanzando en 2020 el disco de su épica presentación durante la última edición del extinto festival NRMAL de la CDMX, Juana Molina parecía iba a enfrascarse en un periplo que la llevaría bien por la repetición o por la distancia.
Sin embargo, el resultado fue un álbum cohesivo que parece regresar a su elocuente hermetismo poético y juguetón, algo oscuro y más cercano de los humores y los ambientes, que de las canciones formales. Doga es hiperlocal y críptico, que sin embargo consigue brillar mucho por cuenta propia, sin complacencias, gracias al hilvanado de un lenguaje propio granjeado a lo largo de varias décadas, aunque inteligentemente revertido para desafiar incluso a los fans.
34. La Santa Grifa-Danzando con Demonios (México)
Más de una década viviendo en el underground como uno de los exponentes más claros del mal llamado rap hardcore a la mexicana. En términos de estilo y trascendencia, desde sus inicios La Santa Grifa ha tenido sus limitaciones bien claras, tambaleándose en calidades, integrantes y presencia. Pero justamente eso es lo que ha hecho de sus bordes un estilo propio, bien picoso y malandro, que si bien a veces cae en el humor involuntario resulta más contundente, honesto y preciso que mucho del trabajo que sale del caserío para conquistar el mainstream.
Tendrá clichés, inercia gravitacional sin sorpresas, pero no por eso no se disfruta o se te pega como un buen toque. Ya quisiera Santa Fe Klan o Alemán regresar a días de disfrute hip hop como los de La Grifa.
33. Hüsker Dü-1985: The Miracle Year (Estados Unidos)
Esta es quizás la última oportunidad natural para quien no lo haya hecho, termine por enamorarse del trío de hardcore punk de Minneapolis, Minnesota, quienes a la postre supieron tener mejor intimidad pop y cabildeo con su legado que bandas como The Minutemen o The Replacements. Tras algunas reediciones y más o menos una triada legendaria de discos de estudio, esta recopilación de presentaciones en vivo de Hüsker Dü los trae en su mero punto, algo que digno de mención porque ni la compilación mamut esa de 2017 de Numero Group (quien hambreadamente edita también esta brutalidad), ni las recolecciones chambonas de Warner, Rhino y SST han podido capturar bien a bien de qué iba la banda.
Había que estar ahí, justo en el primer trimestre de 1985 con un chingo de blancos jodidos para entender la puta vibra…que tampoco era así mucha, pero por lo que logramos constatar acá era muy chingona y directa. No sé, a veces pienso que sin este eslabón no se entienden cosas como REM o una pléyade de explosiones musicales en el rock pop que luego gobernarían el mundo por un buen rato en Estados Unidos.
32. Chicago Underground Duo-Hyperglyph (Chicago)
La más reciente travesura de Chad Taylor y Rob Mazurek los ha traído de nueva cuenta a la mesa, con uno de los mejores discos de free jazz del año. Uno que además rebosa de vivacidad, jovialidad y diversión sin que ello sea precisamente un disco humorístico. Dinamismo rock electrónico a lo Miles pero con la impronta moderna atemporal que sólo una ciudad como Chicago ha sabido inyectar en sus músicos, quienes regresan tras poco más de una década de silencio discográfico.
Garañones, arrojados y siempre prestos a la improvisación con tintes primales, pero con el tino y la clase que siempre ha caracterizado a estos dos multiinstrumentistas, Hyperglyph logra lo que muy pocos discos de free jazz consiguen: ser sumamente variados sin perder la cohesión. Un guiño perfecto a la herencia cultural milenaria extramusical, la herencia jazz y los tiros de soga hacia un futuro incierto. Un disco sólido de free jazz.
31. Clipse, Pusha T, Malice-Let God Sort Em Out
Una de las áreas más aceitosas de los discos icónicos o legendarios en el Hip-hop -un estilo que está ya hiperbastardizado, lacerado y reparado gracias a la velocidad a la que se conduce, es el afán comparativo y la animosidad por repetir la hazaña. Clipse ha pasado por muchos momentos de gloria e infamia sin perder el prestigio, pero nunca han podido hacer otro Lord Willin’ (2002) e incluso un Hell Hath No Fury (2006).
Este año, con el filo que da el oficio, el recogimiento y sobre todo el tiempo, la dupla carnaliza de Virginia apuesta por un opus estratégico y logra una producción que da gusto a tandas paralelas: los negratas fumetas gorra puristas manos en el aire tipo de mierda, los sofisticados de la producción y los modernillos que arremeten contra la industria. Creaneado es la palabra, largo aliento es el juego y contundente es la palabra.
30. Kali Malone + Drew McDowall-Magnetism (Estados Unidos/Escocia)
Salvo un hiato de casi tres años entre el lanzamiento de su tercer trabajo y obra maestra, el poderosísimo The Sacrificial Code (2019) y un trabajo a comisión en 2022 (Living Torch), desde hace casi una década Kali Malone no ha dejado de componer, presentarse en vivo y explorar todas sus posibilidades compositivas, convirtiéndose en una de las figuras más notables del minimalismo drone.
Y cuando uno piensa que mucha colaboración, exposición, órgano de pipas, iglesias, trabajos ex professo, incluso boda y fotos posonas en Vogue ya fueron mucha Kali Malone, llega un trabajo como este, lleno de gracia sintética, armónicos a tope granular, bien hermoso, bien saturado y resonante que casi es un milagro que no sea un disco más musical. Así ha de sentirse ser feliz dentro de un maizal que en vez de mazorcas tuviera imanes gigantes.
29. Imperial Triumphant-Goldstar (Estados Unidos)
Pocas veces las ínfulas avant garde en el metal extremo resultan avantes. Pero hay que tener todo bien medido, sobre todo la técnica y la seguridad de miras, para que lo pasteloso, lo ridículo y lo cansino del black metal no se vuelva una caricatura performática del género.
En el caso de Imperial Triumphant, la cosa no sólo va bien a quince años de distancia, sino que además han conseguido que Goldstar sea una épica del desorden urbano con ráfagas accesibles y brutales cayendo a la misma velocidad desde lo alto del Empire State. Será porque lo han mantenido a una escala manejable pese a ser de Nueva York, ve tú a saber.
28. Alex Paxton-Delicious (Inglaterra)
Alguien dijo que si la música culta fuera más valiente debería sonar así. Y aunque resulta difícil tirarse este disco de buenas a primeras sin pensar en ese humor inglés de señor ya entrado en edad (es decir, no), o sin volverse loco entre tanto afán por recalcar la belleza loca y la nueva complejidad musical -lo cual es más un gesto y arrojo de músico que un resultado así muy notable-, Delicious es un disco que a final de varias vueltas resuelve la promesa de una sonrisa franca floral y muy apegada a las posibilidades de los conservatorios, lo cual ¡YA ES DECIR UN CHINGO PARA EUROPA!
27. Oneohtrix Point Never-Tranquilizer (Estados Unidos)
Si hay algún problema con Daniel Lopatin es que no ha parado desde 2007, y en el camino ha derretido más neuronas ajenas y erizado pieles menos exigentes que facturado discos demasiado icónicos. El de Boston se encamina a la doble década de trayectoria explorando las posibilidades de la electrónica fractal y las abstracciones del oscurantismo hiperrficcional, a través de un lenguaje propio que lo mismo puede acariciar las atmósferas cinematográficas, el retrofuturismo más cínico, o bien las travesías astrales de riesgo sin retorno.
Con este nuevo placazo de ambientales y dispersiones cristalinas, OPN logra retomar el camino previo a su etapa más mainstream (Age Of, 2028) con la paciencia que dan los años y a sabiendas de que difícilmente algo como lo hecho con Replica (2011), pero que igual lo mantiene y lo ratifica como uno de los grandes de su cancha. Tranquilizer es un portal cerebral, espiritual y sensorial para esos postfritos valientes de la noche, previo a que ésta se convierta en obstinado amanecer.
26. Belafonte Sensacional-Llamas, Llamas, Llamas (México)
Aunque Llamas, Llamas, Llamas dura un parpadeo logra catapultar el corazón de Israel Belafonte fuera de sus propias miras y reglas para que sus canciones se paren solitas y brillen frágiles por lo que son: postales de un México citadino, frágil y pachucote de exagerada contradicción. Un corazón que sufre a carcajadas, un “guácala-qué oso papi-te amo más que nunca”... un ácido en ración dijera José Cruz. En el camino de su intencionalidad expansiva, este disco resulta más contundente e icónico desde algunas de sus pilares clave: “Suaves son los días”, “Todavía DF” y “Negro Soledad”. Aún hay tramo que conquistar. NEL.
25. Benjamin Booker-LOWER (Estado Unidos)
La inconsistencia de Booker lo ha llevado por los vericuetos de la indiferencia y los públicos. Un debut homónimo hace once años, un segundo disparo en 2017 y por cuestiones personales, pandemia-loquesea llegó este para abrir apetito en pleno enero del año, ahí cuando todavía no termina de hacer digestión la navidad.
LOWER tiene todo para ser un disco chocoso: suena mucho a Grandaddy que ya de por sí es una banda derivativa, suena a los Flaming, a de repente todo el rock indie blancote que chilloteó y agonizó la década pasada queriéndose hacer los listillos inadaptados cuando toda la industria se trató de ellos. Y sin embargo es un disco poderoso, consistente y hasta trascendente. Alcoholismo, orfandad y algo de inventiva pop madura logran cuajar oficio y arrojo para llevar 42 minutos de música a buen puerto. Un disco que en cierto modo logra enlatar toda la cultura musical norteamericana de las últimas cuatro décadas sin tanto aleteo.
24. Nicolas Fehr-Der Clown (Alemania)
Una anomalía indie-pop de color pastel más, triste y con ínfulas de compositor clásico. La idea del payaso clásico lleva al inquieto Fehr por canciones que cuajan muy bien en las caídas silenciosas, logrando un trabajo pianístico hermoso pero no tan serio ni complejo como para dejar de habitar la fiesta de la juventud.
Autosabotaje, demasiada melancolía y un amor por los insondables de la vida, nada nuevo. Pero se percibe tan alemán no citadino y tan del corazón, que este disco logra colarse entre lo mejor del año sin tanta pretensión. Es como si a Jens Lekman le diera por no forzarla tanto y lograra lo que Fehr presume como artista: humildad ante lo desconocido.
23. Lela Soto-El fuego que llevo dentro (España)
Uno de los lanzamientos más esperados y disfrutables del flamenco, cobijado por el prestigio madrileño de su dinastía familiar y el visto bueno de los abanderados pesados (Diego del Morao, José del Tomate). Un disco que en su producción tiene el equilibrio pertinente entre tradición, profundidad y ejecución frente a una mirada contemporánea sin espuelas modernillas, lo cual a estas alturas es de agradecerse mucho (el cielo ya está lleno de héroes a lo Amaia, Ángeles Toledano y decenas de anexas).
22. Sister Irene O’Connor-Keshukoran (Australia)
Para apreciar mejor este disco valdría la pena desprenderse de esa obviedad cultural que nos lleva a pensar en el nuevo disco de Rosalía y la más o menos recurrente insistencia del pop por canalizar el imaginario catolicista. Sin embargo, reediciones y saqueo del pasado aparte, este disco sí que habita sin pretexto en esa tendencia de las Sor Marie Keyrouz, las Emahoy Tsegué-Maryam Guèbrou o los coros de órdenes y pastores más olvidados del sur profundo de Estados Unidos o el mundo entero.
Si uno la quisiera forzar, en este disco hay mucho Belle & Sebastian, Jeanette, Fairport Convention y folk del bueno, agradable y sorprendente. Un disco que rebosa psicodelia inconsciente, evangelización en clave irónica candidez franciscana a lo australiano. Y a como andan las huestes jóvenes y fachismos provenientes de las disidencias, este bien podría ser un gran disco de hard core pop… si se le sabe ver con humor.
21. AARON DILLOWAY-Freak-Out Your Friends! (Estados Unidos)
A estas alturas, el ex Wolf Eyes ha demostrado que para hacer noise se necesita una muchita de gracia, inteligencia intuitiva y fidelidad a la verdad propia. Sin embargo, en Dilloway esa verdad es hipersórdida, física, análoga y errática. Es como si Merzbow fuera soportable, artesanal y accesible pero que propusiera una identidad (chance por occidental) mucho más cercana. A sus casi 50 años, el explorador orate de Michigan lo sigue manteniendo real, humano y sumamente emocionante.
Sus cintas, recopilaciones y trabajos siempre vale la pena tirárselos en soporte físico, con su confección a mano y todas las fisuras que una cinta, un cd, un vinyl o un en vivo prometen. Y para muestra, este registro en vivo que nos demuestra que los fantasmas y los espectros que nos pueden atormentar están más cerca de nosotros de lo que parece. Que dios nos guarde muchos años y nos deje ver en vivo a Aroncito, que dicho sea de paso, es una experiencia peligrosa y genial.
20. Blood Orange-Essex Honey (Reino Unido)
A Dev Hynes no le importa cargar con el peso de su propia inconsistencia, esa que lo devela como un humano lleno de miedos, intenciones variopintas e inseguridades propias del mundo y ecosistema que habita. O, en su defecto, le importa tanto que igual le impera la necesidad por hacer un disco así, tan lleno de moods y de momentos más que de consistentes canciones e hilos conductores.
Y ahí es donde habita su belleza y grandeza como uno de los mejores bastiones del pop contemporáneo. Un sobrado honesto, un exagerado sutil: un pop sensual y verdaderos como pocos. Essex Honey siempre parece que va a despegar y que no vuela demasiado alto por estar algo apesadumbrado del alma, pero que tal vez ese era su destino. Canciones contenidas, un casting colaborativo envidiable y unas potentes tristezas vueltas armonías de alcoba, finas y altamente sentidas. Tal vez su trabajo más notable en más de una década.
19. Kim Hiorthoy-Ghost Note (Noruega)
Lo de este artista va más por la ilustración, la imagen y las texturas de reminiscencias visuales, por lo que no extraña que este, quizás su mejor disco a la fecha, lo haya disparado de su entorno artístico más inmediato, el cual viene habitando y explorando sonoramente desde hace prácticamente tres décadas.
Fantasmagorías, texturas y mucha sensorialidad facturadas de forma artesanal con su transmutación digital. En este disco los fantasmas con presencias cotidianas que conjuran oscuridades mucho más habitables, por eso suena tan cálido, cercano y sí, orgánico.
18. Carrier-Rhythm International (Reino Unido)
Cuando a los británicos les da por ponerse feos de modos y deconstruir la pista de baile con oscuridades y electrónica fría sin perder el beat, no hay quién les gane. Carrier es el alias de un más o menos viejo lobo de mar: Guy Alexander Brewer, a quien ya hemos tenido chance de cotorrearlo bajo el mote de Relay o Pacific Blue.
Y si bien el ethos que compone a Carrier se viene cocinando desde 2023 a pasos cortos pero potentes (el EP de este año llamado Tender Spirits es sublime con tan sólo tres cortes), es hasta este año que se deja ver su debut de largo aliento, donde el británico apuesta por bailar en el lado negativo de la pista para remitirnos una elegante sublimación al estilo Photek, donde las síncopas y las atemporalidades se engarzan inteligentemente en una tensión sensorial e inteligente a tandas ecuánimes.
17. Mark Fell-Psychic Resynthesis (Inglaterra)
A estas alturas de la contemporaneidad y las transgresiones europeas vía filosofía, crítica cultural, tecnología y composición rigurosa, un disco más de Mark Fell podría presumirse como un ladrillo insondable más de letargos sesudísimos vueltos soniditos. Y sin embargo Psychic Resynthesis lo es. Es eso que uno ya no espera pero sucede sin mayor remedio: un disco consistente, de sobriedad más descarada que cínica, indulgente y que en cierto polvo desempolva los poderes de Fell (es un decir), poniéndolo en una connotación mucho más tradicional y clásica para ver si había un colapso de algún tipo. Y pues eso: Mark Fell pese a sí mismo.
16. Pambelé-Dámelo (Francia/Colombia)
Confusiones raras de la vida y el sabor: existe La Pambelé, hacen salsa colombiana y son buenísimos. Y están estos de nombre Pambelé, francocolombianos y también le atoran a la salsa brava. Las portadas de sus discos son muy parecidas, parece que el arte se los hace la misma persona y ambos combos tienen músicos de primer orden, pero todo parece indicar que no son lo mismo. Mientras ese misterio se resuelve tenemos este disco que nos recuerda a unos Meridian Brothers salseros con más gaita y gordura. Brava la cosa.
15. Rafael Toral-Traveling light (Portugal)
Durante la primera mitad de los noventa, mientras la exploración sonora occidental proveniente de las ópticas jazzeras, contemporáneas y de ínfulas tanto conceptuales como poéticas comenzaba a engolosinarse con el ambient, el portugués Rafael Toral ya traía una visión y músculos bien tonificados para una misión que a la postre se revolvería mucho, quedándose entrampada en lo abismal, la contemplación y un franco aburrimiento del que ni Fennesz ni Brian Eno los pudo salvar.
Sin embargo, décadas de pistas de despegue, aviones y noches preciosas de guitarras procesadas después, el prolífico compositor lisboeta volvió a lograr notoriedad el año pasado con su diáfano y bellísimo Spectral Evolution, el cual sirvió como una fuerte bocanada de espuma de mar para que este año tuviéramos un trabajo notable de Toral, el cual aprovecha para volver a sus raíces musicales con foco en los standards jazzeados, el preciosismo y las tonalidades cálidas de drones amigables. Hermoso.
14. The Pastor Chris Congregation-West Virginia Snake Handler Revival “They Shall Take Up the Serpents” (Estados Unidos)
Algún genio dijo por ahí que esto es el verdadero punk. Y sin ser irrespetuoso con nuestros punkarritos puristas o nuestros devotos de los reptiles rastreros, lanzo la pregunta ¡oh hermanos mís!: ¿qué devoción es más pura y dura que la de una iglesia sureña que manipula serpientes y grita al ritmo del hipnótico y desgarrador de las guitarras hillbilly? Cosa dura, no están mamando. El rock fue robado a Dios por el diablo… Tranquilo, sólo es una mordedura de serpiente.
13. The Gardener, Industrias94-Mawt Rihla II (España)
Sin la fastuosidad pop y golosina internacional que hoy afectan a artistas como Rosalía o a C. Tangana, pero tampoco con la hiperanimosidad de avanzada “rompe y rasga” de Niño de Elche o Los Voluble, el proyecto de los sevillanos Manuel Chaparro e Industrias94 -el cual en cierto modo es la chispa que encendió esa hoguera no menos genial llamada Califato ¾- lanza su segundo opus seis años después de aquel primer pistoletazo de salida, fundiendo el corazón andaluz con los beats rotos, la dislocación delirante de la exploración electrónica y una fe férrea por el baile y la noche.
12. Orcutt, Shelley, Miller–Orcutt Shelley Miller (Estados Unidos)
Cuando alguien sale con la babosada replicante de que la cumbia es el nuevo algo, o que el rock de guitarras está muerto, pienso que lo mejor sería que tuvieran razón porque seguro están pensando en algo más cercano a los noventa, a los Queens of Stone Age, Deftones o Nirvana, que a la contundencia de una visión evolucionada de aquella música.
Cuando alguien dice que el rock está muerto pienso en un disco tan inteligente, visceral y potente como éste y duermo la mona en paz. Faltaba menos.
11. The Necks-Disquiet (Australia)
Desde 1989, la música infinita del trío de jazz ultralento The Necks se ha dedicado a explorar todas las formas posibles de construir un cosmos intimista, desde la pericia implacable que representa la paciencia laberíntica, el silencio y los tiempos que la música impone a voluntad.
Immersivos, a veces abismales y siempre hipnóticos, este año se aventaron la friolera de un triple placazo con cada vez menos cortes. Con cada vez menos adornos y artilugios de producción, estos tótems de la intensidad profunda mantienen viva y en control la hoguera de una música que se presume eterna.
10. Eddie Chacon-Lay Low (Estados Unidos)
Con el regreso del olvido de este artista pop fallido de finales de los ochenta casi en plena pandemia 2020, se abrió un portal para entender el funk, el soul y el R&B blanco desde unas antípodas un tanto más refrescadas y sutiles, gracias en buena medida a la buena mano del angelino John Carroll Kirby (Solange, Norah Jones, Frank Ocean, Miley Cyrus, Harry Styles) al frente de la producción.
Desde entonces han pasado dos discos más (sumando tres a la fecha) y aunque los grandes públicos no han llegado a Canon, su crecimiento estilístico ha seguido a paso firme, consiguiendo una sensualidad clara y elegante.
9. Ben LaMar Gay-Yowzers (Estados Unidos)
Desde antes de su salida, en junio de este año, ya varios atisbaron a afirmar que este sería un paso hacia adelante en la carrera de uno de los nombres más potentes de la improvisación de Chicago, quien con Yowzers consigue “una auténtica obra maestra de ritmos internos ancestrales y narrativa melódica intuitiva”. Intensidad, groove, poética jazz y una mente abierta a la música como cauce liberador decantan en uno de los mejores discos del no menos icónico sello International Anthem.
8. M.F.-Goz Khawagat (Egipto)
La música popular de las calles de El Cairo no podía ser de otra manera: una locura de baile recio y un frenesí que amalgama de forma caliente la electrónica con la tradición. Derivado del subsello Fleetway Tapes, perteneciente al australiano A Colourful Storm, esta cinta seleccionada, mezclada y firmada por un enigmático, velado y místico dueto llamado M.F., logra sumar con creces esta oleada de revival rai para occidente, actualizando y dotando de personalidad y sustancia ese revisionismo que luego resulta jabonoso.
7. Ziúr-Home (Alemania)
Este año, paralelo a la calzonización del pop con Charlie XCX, Addison Rae, Sabrina Carpenter, Chappell Roan y anexas, el ethos musical femenino de corte alt-pop más subterráneo terminó por consolidarse, amalgamando audiencias y derivando en discos con más estructura de canción y narrativa, en terrenos donde la abstracción y lo atmosférico comenzaban a mostrar síntomas de letargo.
En su más reciente trabajo, Ziúr deja de lado la dureza electrónica afincada en el hardcore más oscuro y oxidado que suele caracterizarle, para dar paso a un opus de extrema y rara belleza, invitando a nombres clave como Iceboy Violet, Sara Persico, James Ó Ceallaigh y Elvin Brandhi a un empaquetado bien conciso de distorsión, música de cámara y afiladuras discursivas abiertas. Un disco memorable.
6. Joanne Robertson-Blurrr (Reino Unido)
Más que una artista singular, la británica Joanne Robertson es una suerte de fantasma folk que, cada tanto, se aparece entre la neblina para regalarnos un ramillete de canciones sumamente entrañables y atmosféricas, que hacen de la belleza y la nostalgia pilares de sublimación hipnótica mas no un recurso ornamento vulgar como mucho se hace en la música de mayores reflectores.
Hay quien ha emparentado este trabajo con Arthur Russell, Cat Power o lo más accesible de Grouper. Sin embargo, lo de Robertson suele caminar por otros linderos aunque sí, la mancuerna con el chelista Oliver Coates erige el trabajo más sólido y evidente de la eventual colaboradora cancionera abismal de Dean Blunt.
5. John Also Bennett-Στον Ελαιώνα / Ston Elaióna (Grecia)
Tonalidades minimalistas, atmosféricas y diáfanas para desprender la mente de la imagen y el foco en el que se está, una sublimación desnuda que fluye hacia la preciosura y las notas bajas. Un disco que sin dejar de ser discreto y moderado, explora paisajes antiguos y raíces profundas con tiento e ingenio.
4. DJ Morphius, Rosa Pistola-El Gran maestro (México-Colombia)
La guaracha en esteroides pervive con gran salud desde las durezas tamaulipecas, chilangas y ultralatinoamericanas, sin mayor afán que resquebrajar la pista y la noche, en un ritual nocturno exclusivo para los cuerpos más osados. Una pieza que en el papel puede sonar a un checklist del emporio de calidad de Rosa Pistola, pero que logra elevar la calidad, el dinamismo y la sustancia que les precede.
3. Raed Yassin-Phantom Orchestra (Líbano)
En 2021, este artista audiovisual conocido como Raed Yassin lograba conquistar los bastiones agrestes de la electrónica exploratoria árabe con el fabuloso Archeophony, una brutalidad de psicodelia e inventiva de altísimo orden.
Este año sube la apuesta y orquesta a una pléyade extensa de músicos increíbles -donde figuran el baterista de The Necks, Mazen Kerbaj, entre muchos otros- construyendo un monstruo improvisatorio oscuro y microtonal de doble piso, con momentos de sublimación delirante. Un disco que soporta las vueltas y lecturas dadá, jazzísticas o ruidistas de corte regular.
2. Los Thuthanaka-Los Thuthanaka (Bolivia/Estados Unidos)
Si con el gran DJ E, la otrora oblicua y transgresora compositora conocida como Elysia Crampton había detonado su propio corpus estilístico bajo el nombre de Chuquimamani-Condori, con el fin de traer algo completamente desfragmentado y hermoso a la mesa hace apenas dos años, con este trabajo logra coronar y robustecer todo un universo compartido en mancuerna con su hermano, el no menos genial Joshua Chuquimia Crampton (autor de esa otra joya de 2024 llamada Estrella por Estrella).
Collage, metanew age y arraigo sudamericano transmutado en un túnel de deconstructivismo sonoro sin tregua, este disco llama a perderse en sus referentes de forma subconsciente sin dejar de parar las antenas a lo que pasa. Estimulante a todos niveles.
1. Eliana Glass- E (Australia)
Pese a que el debut de esta jovencísima (27 años) pianista australiana criada en Seattle y con base en Nueva York tiene todo el caliz de un jazz-pop-baladístico accesible tirado a la escuela de los standards suaves, su búsqueda interna y estilo propio logran empujar una síncopa sutil que la dota de una personalidad sobresaliente.
Como si el corazón de la artista, sus manos y la banda que la acompaña cabalgaran a ritmos distintos pero de una forma casi imperceptible, infranqueable quizás sea más preciso decir porque al final el estilo de esta cantante y pianista es una amalgama sólida de terciopelo sin soldaduras.

